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24/09/2017 | ACTUALIDAD
Diez sintecho, diez pisos:

Diez meses de experiencia 'Housing First' en Zaragoza
En los últimos días se ha ocupado el último de los pisos que había cedido Zaragoza Vivienda al proyecto Hábitat.
Ayuda a personas sin hogar en Zaragoza / CRUZ ROJA
Fuente: Heraldo
La semana pasada se ocupó el último de los diez pisos que había cedido Zaragoza Vivienda para propiciar el desembarco en la ciudad del 'Housing First', una metodología para afrontar la problemática de las personas sin hogar que parte de un concepto muy simple: lo primero es tener casa.

Un hombre de unos 40 años que llevaba más de diez durmiendo en la calle accedió por primera vez al que será su hogar a partir de ahora: un piso de una habitación totalmente equipado y solo para él. Si todo va bien, se adapta a las normas básicas de convivencia de una comunidad de vecinos y acepta la visita semanal de los profesionales del proyecto Hábitat que gestiona la Fundación Rais, podrá conservarla de forma permanente.

Es el décimo sintecho de Zaragoza que deja de serlo gracias a esta iniciativa. En noviembre del año pasado entraron los cinco primeros. Solo entre ellos sumaban más de 700 meses viviendo en la calle, lo que implica más de 58 años en total y más de diez cada uno. Además, arrastraban una "larguísima" trayectoria de exclusión y severos problemas relacionados con las adicciones y la salud mental, pues esos son los requisitos básicos para acceder al proyecto Hábitat. Al fin y al cabo, tal y como explica Noemí García Alcázar, la responsable de su gestión en Zaragoza, se trata de ayudar a a personas inmersas en procesos de exclusión tan severos que no son capaces de aprovechar los otros recursos que ofrecen las administraciones públicas o las entidades sociales de la ciudad.

Han pasado diez meses y esos cinco primeros han logrado mantener su vivienda. También su calidad de vida y sus sensaciones. Sobre todo en lo relacionado con la seguridad, según se desprende de la evaluación que se les hizo a esos cinco pioneros tras seis meses viviendo en su nuevo hogar. A principios del verano arrancó el proceso para asignar el segundo paquete de cinco pisos y ahora ya son ocho hombres y dos mujeres los que ocupan estas viviendas.

"Al brindarles una vivienda estamos diciéndoles eres un ciudadano más: tienes derecho a ella, a estar empadronado, a tener un médico de referencia, un lugar donde guardar tus cosas y medicamentos y además vas a ser tú quien decida los pasos que vas a dar a continuación, cuándo los vas a dar y quién quieres que te acompañe en ese camino", explica García desde la Fundación Rais. Según cuentan desde la entidad, la mayoría de estos nuevos 'contecho' han empezado a modificar alguno de los hábitos que habían adquirido mientras vivían en la calle. "Evidentemente no podemos cambiar 10 años en diez meses, pero todos han dado pequeños pasos o al menos empezado a verbalizar que van a dejar de hacer determinadas cosas".

Los pisos están distribuidos en distintos barrios de la ciudad, en comunidades normalizadas a las que no se les informa de la situación de su nuevo vecino. Debe ser este el que decida si quiere contar o no su historia. "En general no hemos tenido grandes problemas de convivencia. Alguno ha informado a sus vecinos por voluntad propia y estamos teniendo experiencias realmente excelentes en Zaragoza", cuenta orgullosa la responsable del proyecto en la ciudad. De hecho, pone como ejemplo el de una comunidad que, sabiendo de la situación de su nuevo vecino, se ha volcado por completo para que se sienta integrado. "Lo han acompañado al hospital cuando lo ha necesitado y le han invitado a fiestas de cumpleaños en su casa e incluso a pasar fuera el fin de semana con ellos. Estamos viendo un ejemplo de ciudadanía excelente del que sentirse orgullosos", asegura.

Eso , por supuesto, no significa que todo vaya siempre "cuesta arriba". Siempre hay momentos de marcha atrás o de inseguridad y se dan pasos en falso... De todas formas, los profesionales que les visitan una vez a la semana intentan que cada paso esté diseñado a la medida de cada inquilino. Algunos necesitan ayuda para aprender a cocinar o a poner la lavadora, mientras otros la requieren para organizarse la medicación o administrarse el dinero...

Según la fundación, el programa supone un coste medio de 34 euros por día y plaza, "similar al de otros recursos de la red asistencial pero con la diferencia de que este ofrece una solución permanente". El Ayuntamiento de Zaragoza se ofreció a aportar el 30% del coste total durante el 2016 y a asumir la mitad de los gastos desde comienzos de este año.


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